domingo, 25 de octubre de 2009

Lucía

Generalmente, nadie me llama por mi nombre de pila. No es que me disguste, es que al final siempre lo acortan, o te llaman por algún mote absurdo o cariñoso. Es muy raro oír mi nombre completo.
El otro día me di cuenta de que tú cuando hablas de algo que te disgusta, cuando estás enfadado o cuando te pones serio, siempre me llamas por mi nombre, sin más. Lo metes ahí, en mitad de alguna frase, y a mi se me activa algo dentro, porque empiezo a pensar que solo tú me llamas así.
Con esto no quiero decir que mi nombre suene especial salido de tus labios, ni que me quede embobada cada vez que lo oigo, porque lo siento, pero no, esas cosas ya no me pasan… Es, simplemente, que me gusta que me llames así de vez en cuando. Aunque sólo lo hagas cuando estás algo cabreado.

Aunque, insisto (y esto no es autoconvencimiento) que no me gusta porque seas tú quien lo diga.
O eso creo…

domingo, 18 de octubre de 2009

Planes de futuro

-Y cuando piensas en el futuro y todo eso... ¿qué te gustaría ser?
-¿A mí? A mi me gustaría ser feliz. Dónde, con quien, haciendo qué... todo eso es secundario. O complementario, si lo prefieres. Lo importante es ser feliz.
Él la mira a lo ojos, da una calada a su cigarrillo y, sin bajar la mirada, responde:
-Que casualidad. Porque yo de mayor quiero hacer feliz a alguien.
Ambos sonríen.

jueves, 15 de octubre de 2009

Declaración de independencia

Sólo quería que supieras que ya no pienso en ti.
Hoy me he dado cuenta de que ya no eres lo primero en lo que pienso por las mañanas; ya no me preocupa arreglarme si sé que voy a verte; ya no me ilusiono porque hoy tengo contigo una clase.
He dejado de sonreír como una idiota cada vez que te veo a lo lejos, de fingir que no te he visto para aparentar indiferencia cuando apareces, de buscar algo sobre lo que preguntarte para forzar una conversación.
Ya no me importa cuando sales o entras, no me duele no verte y he empezado no echarte de menos.
No te busco por las noches, ni me imagino si será este finde en el que por fin te des cuenta de que yo soy ELLA, o en el que yo misma te diré lo que me pasa.
Ya no te necesito. Es triste, pero cierto.
Soy, oficialmente, independiente de ti.
Y lo más gracioso es que todo esto ha ocurrido sin que tú te dieras ni cuenta.

jueves, 8 de octubre de 2009

Sincronia

-Hola
-¡Hola! ¿Qué tal el día?
-Como siempre. ¿Tú?
-También, pero te traigo un plan que te va a alegrar el día.
-Cuéntame.
-Me he encontrado con Pablo y Sandra al salir del metro y me han contado que esta noche hacen fiesta en su casa.
-Ajam.
-Así que nos han invitado. Además, va un montón de gente de la facultad, y esos compañeros suyos que conocimos en aquel curso de verano, Jorge y…nosequien. Bueno, no me acuerdo de su nombre, pero eran muy majos, ¿no?
-Si, si.
-Así que esta noche cenamos en su casa, y luego tomaremos unas copas. ¡Oh! Y ponte elegante, que por lo visto es posible que vayamos a algún sitio de esos guays.
-Mmmh.
-No te apetece nada, ¿no?
-Pues no. Tenía pensado meter una pizza en el horno y vernos una peli.
-Menos mal, porque a mi tampoco. ¿Yo meto la pizza y tú eliges la peli?
-Perfecto.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Happily ever now

No creo en el “para siempre”.
Escuchas las canciones y siempre hablan de amor eterno, piden que sus besos sean los últimos y proclaman al mundo que nunca habrá nadie más.
¿Quien somos nosotros para prometer algo que no esta en nuestra mano? ¿Acaso somos nosotros eternos?
Nada, absolutamente nada, es para siempre. La vida no lo es, por lo tanto todo lo que la acompaña, menos. Creo en un amor duradero, más o menos estable, creo en una vida larga y en una amistad que perdure con los años, pero no en la eternidad. Además, ¿por qué narices iba a querer alguien vivir para siempre? ¿Amar para siempre? ¿Seguir siendo igual a través del tiempo?
El momento fugaz existe para ser disfrutado, aprovechado al máximo, para que aprendamos a exprimirlo y a saber apreciar todo lo que la corta vida nos ofrece.

Si yo tuviera que prometer algo, prometería un presente feliz. Yo no hago promesas a largo plazo.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Tus labios

Cuando haces una lista con las cualidades que tendrá tu pareja perfecta eres muy consciente de que, en realidad, es muy difícil que una persona lo reúna todo. De hecho, a la hora de elegir pareja casi nunca te paras a pensar en esa lista. La mía sólo tenía un punto: cuando conociese a la persona perfecta para mí lo sabría porque nuestros labios encajarían perfectamente. Como las piezas de un puzzle. Como si estuvieran hechos solo para adaptarse a las formas del otro.
Pero, como ya digo, nunca me paraba a pensar, en el momento del beso, si mis labios “encajaban” o no. Yo besaba, y punto.
Hasta ayer.
Hasta que me besaste. Y puede que suene cursi, y que sea lo más absurdo que has oído nunca, pero es así. No se como te sentirás tú al respecto, pero, desde ayer, yo ya no quiero besar otros labios que no sean los tuyos.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Defectos

-No… No puedes irte. Te quiero. De verdad que te quiero. Lo que has visto no es nada, no significa nada. Para mi no hay otra, sólo tú. ¿Por qué iba a buscar a otra si tú eres perfecta? Tienes que escucharme, tú y yo tenemos que estar juntos, porque nos queremos, porque yo te quiero…

Ella le miró fijamente, totalmente inmune a sus palabras.

-Las personas no se enamoran de los defectos de otro; se enamoran a pesar de ellos. Que me digas que para ti soy perfecta no es un cumplido, ni mucho menos, porque significa que no ves mis defectos, por lo que, en realidad, no puedes estar enamorado de mí.

Y él se quedó allí con cara de tonto y la palabra en la boca. Aunque, en realidad, no había más que decir.

lunes, 31 de agosto de 2009

Pon una Celia en tu vida

-Después de estar todo el verano viendo Las Chicas Gilmore y de empezar con How I met your mother, tengo que decir que quiero ser como Lorelai. Y que Barney es Dios. Y que quiero un hombre como Ted.
-Tía ¿por qué no naciste hombre? Porque después de lo que has dicho te juro que me casaría contigo y todo.



Dialogo 100% real.

domingo, 16 de agosto de 2009

-Entonces, ¿te lo estás pasando bien?
-Si, pero te echo de menos.
-Yo a ti también, pero sólo nos quedan tres días para vernos.
-Menos, nos quedan 57 horas.
-¡Madre mía! ¿Las has contado?
-Llevo contando desde que te fuiste.

domingo, 2 de agosto de 2009

Lo que sé de Julieta

Al entrar en casa se encontró a Julieta en el salón, con una gran maleta. La miró sin poder creérselo, ¿qué narices estaba pasando?

-¿Se puede saber que haces?

Julieta le miró a los ojos. No esperaba verle, pero ahí estaba, y ahora tenía que afrontarlo. Estaba guapísimo, y le miraba con esos ojos verdes que la habían conquistado hacía unas semanas. Pensó que lo mejor era atajar e ir al grano.

-Me has enseñado tanto, ¡tanto! He aprendido en 3 semanas más que en casi toda mi vida. Y por eso no puedo pedirte más. Y sé que eso te alivia. Ambos sabemos que no funcionaría, que yo me volvería loca pensando a cada minuto lo que estarías haciendo y tú pasarías la mayoría del tiempo intentando ser alguien que no eres. A veces es mejor que quede un buen sabor de boca, que hayamos disfrutado un poco del pastel antes de haber podido empacharnos. No tienes que decir nada, no quiero saber lo que piensas. Porque, si estás como yo, me sentiré fatal al irme. Pero será peor si no lo estás, porque sólo habré hecho el ridículo. Así que dejémoslo en un simple “adiós”. Un “hasta luego”, si prefieres. No voy a hacer una escena, sé donde está la puerta.

Cogió sus cosas y se dirigió corriendo a la puerta, pero algo al detuvo. Él la detuvo.

-No. No voy a despedirme de ti, porque la sólo idea de no volver a verte me mata. Puede que tengas razón, que todo lo que hayas dicho sea cierto. ¿Y qué? ¿Vamos a dejar de intentarlo por el hecho de que no tiene buena pinta? La Julieta que yo conozco no es así, la Julieta que conocí en aquel café se arriesga y se juega por lo que quiere.
-Tú no conoces a la verdadera Julieta. No me conoces.
-¿Eso crees? Bueno, quizás es cierto, no te conozco del todo. Pero sé algunas cosas sobre ti. Sé que te gusta el helado de limón, pero que siempre lo pides del sabor que está sin estrenar, para que no haya ninguno intacto en el escaparate. Que odias el calor, y que siempre tienes los pies fríos. Sé que haces fotos a las cosa cuando crees que nadie te mira, a cosas insignificantes, como estanterías vacías o bolis tirados por una mesa, porque en realidad estás haciendo la foto de un momento concreto, o eso crees tú. Sé que te gusta acostarte tarde y quedarte en la cama hasta la hora de comer; que ordenas tus cd’s por orden alfabético y los libros por el orden en que te los has leído. Sé que te gusta salir de noche, que nunca vistes de rosa y que, aunque te las das de chica culta y moderna, tus películas favoritas son las comedias románticas tontas. Y sé que no quieres salir por esa puerta, que no quieres irte. Sé que quieres luchar por esto, sé que quieres quedarte conmigo. El problema es que eres tú la que no sabe todo eso, o crees no saberlo. Pero, dentro de ti, sabes que me quieres, como yo lo sé y como yo te quiero. Y si algo de todo lo que he dicho es mentira, entonces sí, vete. Pero sabrás que cometerás un error.

Julieta se mantuvo inmóvil, frente a la puerta. Le daba la espalda, así que él no podía ver esa lágrima que le asomaba por el ojo. Soltó la maleta, se dio media vuelta y le miró. Le pareció mucho más guapo que hacía tan sólo un minuto, por imposible que eso fuera.

-Creo que sólo puedo igualar semejante discurso con esto.

Y corrió hacia él y le besó. Le dio el primero de muchos besos, de muchas tardes y de muchos más secretos y risas que relataban una gran lucha por salir adelante. Una lucha que quién sabe si ganarán. Lo importante es que, cada mañana, siguen creyendo y siguen luchando.